09 febrero, 2012

Salsa Puttanesca


Lo que sigue lo escribió Miguel A. Roman el 11-03-04. Este erudito de la cocina y de la pluma mantiene un blog que recomiendo lo visiten, estoy seguro que disfrutarán y se harán fans del citado blog denominado Libro de Notas En Casa de Lúculo.

Entre la cohorte de salsas intensas con que en Italia se escolta la neutra pasta la Puttanesca es una de las menos conocidas fuera de aquella península. Tal vez sea porqué sus componentes son bastante más localistas que en otros condimentos, no sólo difíciles de entender fuera de los gustos intensamente mediterráneos que contiene sino incluso difíciles de encontrar en una Europa confortablemente instalada en su atlantismo.
Típicamente la Puttanesca prepara un sofrito con ajos, cebolla y tomate en inexcusable aceite de oliva, para recibir en su seno anchoas, aceitunas negras, alcaparras, laurel, orégano, manteca, caldo, vino, perejil, albahaca, limón, berenjena... y el refinamiento ocasional de alguna guindilla.
Y es que la Puttanesca, "al modo de las putas", no tiene receta ni planificación exacta. Basta con que sea contundente, arrasadora, que concierte en su seno todo lo que pille por delante, mientras más intensa sea pareciera preferible, como si renegase de la noble pasta sobre la que se asienta y buscase sólo anularla.
En 1980 un grupo de la ultraderecha hacían estalla en la estación de Bolonia un artefacto que segó la vida de casi un centenar de inocentes.
En aquella ocasión, el escritor y gastrónomo Manolo Vázquez Montalbán se refirió a este horror en su columna de la revista Intervíu calificándolo como un crimen "a la Puttanesca", un atentado sin fórmula ni objetivo, sin conciencia ni miramientos, un asesinato masivo dirigido contra todo y contra todos. No poseo ya aquel documento más que en mi memoria de adolescente horrorizado por la sangre inútil y asqueado por pertenecer a una especie capaz de tanto odio y tanto menosprecio por las vidas comunes.
Ya entonces sabía que en España hay anchoas, y aceitunas, y ajo, y cebolla, y albahaca, y aceite de oliva... pero en ninguna pesadilla pude concebir entonces que a lo largo de mi vida volviera a ver tantas veces tales atrocidades "alla Puttanesca".
Miguel A. Román 11-03-04

29 enero, 2012

La Alimentación en la Roma Imperial, conferencia del Profesor D. Francisco Grande Covián


D. Franciso Grande Covián nació en Colunga en 1909. Bioquímico de renombre, marchó a Estados Unidos en 1953 donde fue director del Jay Philipps Research Laboratory de Mineápolis (1958-1974). Destacó en el campo de la nutrición, al que aportó numerosos e importantes trabajos sobre el metabolismo de los lípidos. También desarrolló una importante labor pedagógica en la divulgación de sus ideas sobre el valor de la dieta mediterránea y la influencia de las grasas en el nivel de colesterol de la sangre. Su libro Nutrición y salud (1988) superó los 100.000 ejemplares vendidos. De regreso a España continuó su labor en la Universidad de Zaragoza, hasta su fallecimiento el 28 de junio de 1995.
La Fundación Grande Covián continúa hoy su labor divulgativa. 

     

La alimentación en Roma es de evidente importancia, no sólo para quienes nos interesamos por la historia de la alimentación humana sino porque, también, constituye un tema de indudable dificultad. Los datos a mi alcance son incompletos y con frecuencia contradictorios y no es fácil interpretarlos en términos de nuestros actuales conocimientos. Se habla repetidamente de los fabulosos banquetes de las clases dirigentes de la Roma imperial, pero es más difícil saber lo que comían habitualmente las clases populares, que constituían la mayor parte de su población.
Seis obras me han sido particularmente útiles en la preparación de las palabras que voy a tener el honor de pronunciar:

K. Hintze, Geographie und Geschichte der Ernährung, Thieme Verlag. Leipzig, 1934.
J. Carcopino, Daily Life in Ancient Rome, Yale University Press, 1940.
A. Gottschalk, Historie de l´alimentation et de la gastronomíe, Éditions Hippocrate, París, 1948 (dos volúmenes).
R. Tannahill, Food in History, Stein and Day, Nueva York, 1973.
N. Luján, Historia de la gastronomía, Plaza y Janés, Barcelona, 1988.
M. Ferrari, Guida illustrata all`agricultora dei tempi antichi. Romani: grandi conquistatori e agricoltori di enorme esperienza. Guida Illustrata Agricoltora Antica. Vita in Campagna, Roma, 1990.

A ellas deben dirigirse quienes deseen información más extensa de la que aquí puedo presentar.

Los principales componentes de la dieta romana
Si se prescinde de los alimentos procedentes del Nuevo Mundo, como las patatas, el maíz, el cacao, los tomates, etc., los alimentos consumidos en la Roma imperial eran fundamentalmente los mismos que componen la dieta actual de los países del área mediterránea.
Puede ser útil hacer una rápida enumeración de algunos de ellos.

Cereales. La cebada fue inicialmente el principal cereal consumido en Roma. Pero su uso quedó limitado a las clases más pobres al introducirse el trigo, que permitió la preparación del pan. Se dice que los gladiadores romanos eran llamados hordearii, de hordeum, cebada, porque era ésta, al parecer, el cereal que consumían habitualmente. El mijo y el centeno eran también consumidos.

Leguminosas. Aparte de las habas (vicia faba), las lentejas, los garbanzos y los guisantes eran componentes habituales de la dieta romana. Tanto los cereales como las leguminosas eran consumidos en forma de papillas (puls), de donde viene el nombre de pulses con el que se denominan las semillas de leguminosas en inglés.

Hortalizas y verduras. La col era una de las hortalizas preferidas por los romanos. Catón el Censor habla de ella como de una verdadera panacea, capaz de evitar y curar toda clase de enfermedades: “Evita la embriaguez y la indigestión –escribe-. Si queréis beber mucho en una fiesta y conservar el apetito, comed col cruda antes de ir a la mesa. Cinco hojas de col os permitirán beber y comer cuanto queráis”. Plinio describe un número de variedades de lechuga entre las que destaca la “gaditana” blanca.
Los puerros y los espárragos, eran cultivados, así como las ortigas, que parecen haber sido un alimento preferido por los legionarios. Las malvas, también cultivadas, eran muy apreciadas, aunque Plauto (254-184 a.C.) no parece haber sido muy entusiasta de ellas: “Los cocineros las sirven en forma de prado en sus guisos, como si de alimentar bueyes se tratase”, escribe en Pseudolus.
Los nabos y las remolachas eran alimentos comunes, pero no las zanahorias. La cebolla era alimento popular del que se conocían distintas variedades, y el ajo era abundantemente utilizado.
Según Gottschalk, los romanos eran aficionados a las setas, los champiñones y las trufas.

Frutas. La manzana, de la que se conocían veintitrés variedades, era probablemente la fruta más popular junto a las peras, de las que Plinio describe treinta y ocho especies. Se comían crudas, cocidas o conservadas en miel. Las ciruelas, cerezas, granadas, dátiles e higos, eran de uso común. Los higos secos se consumían frecuentemente en lugar de pan. Las uvas y las aceitunas eran un componente habitual de la dieta romana, aunque en su mayor parte se destinaban a la producción de vino y aceite.
No parece que los romanos consumiesen fresas, frambuesas ni grosellas, y los cítricos no fueron introducidos en Roma hasta el siglo IV. Almendras, avellanas y pistachos se empleaban en la dieta romana, pero no tanto las nueces, a las que Plinio acusa de producir cefalalgia y vómitos y de ser perjudiciales para quienes padecen tos. Las castañas eran muy utilizadas.

Leche y derivados. Las leches de cabra, oveja y vaca eran consumidas en Roma. Varrón (116-26 a.C.), en su Re rustica, considera del mejor valor nutritivo a la de oveja, seguida de la de cabra, y sitúa la de vaca en tercer lugar. Señala que la calidad de la leche depende de los pastos, la raza del animal y la época del año. La leche de burra era utilizada en Roma principalmente como medicina y como cosmético.
No parece que los romanos produjesen mantequilla, pero sí una gran variedad de quesos, que constituían un importante componente de su dieta. Plinio el Viejo (23-79), en su Historia Natural (capítulo “Diversitate caseorum”) clasifica numerosos quesos a los que habría que añadir los que, procedentes de otras partes del Imperio, llegaron posteriormente a la ciudad.
El queso era un elemento principal de la alimentación romana y un ingrediente indispensable para la preparación de muchos de sus platos, como tendremos ocasión de ver. Era también una parte fundamental de la dieta de los legionarios, porque aparte de su facilidad de transporte y conservación, se pensaba que ejercía un efecto favorable sobre su capacidad combatida. Columela (De agricultura) nos informa detalladamente de las técnicas empleadas en la producción del queso, cuyas virtudes son ensalzadas por los poetas latinos. He aquí como describe Virgilio su preparación en las Geórgicas: “La leche que al nacer el día y en medio de él se ordeña, y la que sale en las tinieblas y a la puesta del sol, en días claros se lleva a la ciudad en cantarillas, o con algo de sal, trocada en queso, se guarda para el tiempo de los fríos”.
La opinión de los médicos, no siempre fue favorable. Galeno (130-200) creía que el queso, especialmente el muy curado, era perjudicial para la salud.

Carnes, aves y caza. El ganado vacuno debió ser un principal productor de carne con destino al consumo humano, y poseemos descripciones de las distintas razas utilizadas. Gottschalk hace notar que mientras los romanos engordaban a las aves, no lo hacían así con los bóvidos y los óvidos. Preferían las carnes de ternera y las de corderos y cabritos jóvenes. Juvenal (60-130) se contentaba con un cabrito, “el más tierno del rebaño, con más leche que sangre en él”.
El cerdo era, de todos los animales domésticos, el que más contribuía al suministro de carne, “por su variedad de sabores”, y como en vida no había prestado ningún servicio útil, pagaba después de muerto los cuidados que su crianza exigía. Galeno pensaba que la carne de cerdo, “por su parecido con la carne humana”, era la más digestiva y la más nutritiva. Las partes del cerdo más apreciadas eran el jamón, los testículos, los riñones y las manos y, sobre todo, las vulvas y las glándulas mamarias de las hembras. Los fetos de conejo eran también muy apreciados.
Se producían numerosos embutidos, algunos de los cuales se encuentran todavía presentes en la Italia de nuestros días.
Entre las aves domésticas, las gallinas y palomas eran engordadas con papillas de harina a las que se adicionaba miel y vino. Del pato se utilizaban, sobre todo, la pechuga y los sesos. Los gansos eran bien cebados antes de asarlos, y se utilizaban para la producción de un equivalente del foie-gras alimentándolos con una papilla de higos secos. Se cree que el nombre del hígado en francés (foie) procede del adjetivo ficatus que aparece en el nombre latino, jecur ficatus, de este producto.
El pavo real, que no debe confundirse con el pavo procedente del Nuevo Mundo, se puso de moda en Roma, aunque Horacio afirma que la carne de pollo es mil veces superior.
Una gran variedad de animales de caza, tanto mamíferos como aves, eran consumidos frecuentemente después de haber sido mantenidos en cautividad a fin de engordarlos antes de consumirlos.

Pescado, crustáceos y moluscos. El pescado, fresco o en conserva era un componente importante de la dieta romana, y se conocen listas que incluyen las numerosas especies más generalmente utilizadas como alimento. Los romanos habían establecido un extenso sistema de estanques, o viveros, en los que podían conservar pescado, tanto las especies de agua dulce como las de agua salada. Pero los gastrónomos preferían el pescado fresco.
Uno de los pescados más apreciados, el salmonete, no soportaba la cautividad. Era traído vivo a la mesa, donde se lo cocía en un recipiente de vidrio que permitía observar los cambios de color que se producían durante la cocción.   
Entre los crustáceos, la langosta parece haber sido muy apreciada, a juzgar por las numerosas recetas para su preparación. Se recomendaba cocerla viva para evitar que su carne se ablandase. Otros crustáceos son también mencionados, aunque he encontrado menos referencias del uso de cangrejos y centollos.
En cuanto a los moluscos, se describen dos clases de almejas de distinto tamaño. Las ostras eran muy apreciadas y Plinio nos informa de la procedencia y propiedades de las distintas clases de ostras consumidas en Roma. Los percebes y los erizos de mar son mencionados como parte de los entremeses de las grandes comidas. En cuanto a los últimos, los precedentes de Sicilia, eran preferidos a los del mar Egeo y el Adriático. Los calamares y el pulpo eran de consumo frecuente.

Especias y condimentos:

Estos componentes de la dieta romana merecen mención especial, porque una de las características de la misma consiste, justamente en el abundante empleo de toda clase de especias y condimentos.
Los romanos, o al menos los romanos ricos, como señala Tannahill, parecen haber tenido muy poco interés por el gusto y el aroma original de los alimentos que llegaban a su mesa. La carne, el pescado y los alimentos de origen vegetal eran consumidos por lo general con salsas en cuya composición intervenían una docena o más de especias, caracterizadas por su acusado sabor.
Es difícil saber la razón de esta preferencia. Es muy posible que se deba, en buena medida, a que el estado de los alimentos que consumían los hacía poco apetitosos, lo que obligaba a enmascararlos con sustancias capaces de hacerlos más atractivos. Pienso, personalmente, que ésta ha debido de ser una razón importante. En Sumeria, en Egipto y en Grecia, los principales centros de población eran pequeños comparados con la Roma imperial. El campo quedaba cada vez más lejos, las vías de comunicación  eran escasas, el transporte, lento y los alimentos tenían que ser depositados en almacenes carentes de las condiciones necesarias para su conservación. No es difícil pensar que los cocineros romanos debían estar preocupados por ocultar las características indeseables de los alimentos y por hacer atractiva una dieta que, de otro modo, sería monótona y poco apetitosa.
Existen evidentemente toda clase de especulaciones. Una de ellas, propuesta por el antropólogo estadounidense S.C. Gilfillan, supone que la aristocracia romana padecía de pérdida del apetito y percibía un sabor metálico en los alimentos, debido a la contaminación de éstos así como a las bebidas que eran consumidas con plomo. No tengo autoridad para poder pronunciarme sobre esta cuestión. El hecho indudable es que la cocina romana utilizaba especias y condimentos en una proporción que hoy nos parece asombrosa, y que debe de haber una explicación para ello.
El comercio de especias es de notable antigüedad, representando éstas, en el siglo I prácticamente la mitad de los productos que llegaban al Mediterráneo, desde Asia y la costa este de África. No hará falta recordar que el comercio de las especias fue uno de los motivos del viaje de Colón, hace ahora quinientos años.
La pimienta (Piper nigrum) fue una de las especias más importantes en el mundo clásico, como lo es en el mundo actual. Puede juzgarse de la importancia de la pimienta si se tiene en cuenta que cuando los bárbaros llegaron a las puertas de Roma, a comienzos del siglo V, pidieron entre otros tributos la entrega de tres mil libras de pimienta. No todas las especias utilizadas por los romanos son empleadas en la actualidad, por lo que no creo que deba ocuparme de ellas ahora. Serán mencionadas cuando consideremos algunos ejemplos de la gastronomía romana.
Un condimento fundamental de la cocina romana era el liquamen o garum, que aparece, prácticamente sin excepción, en todas las recetas. Hasta tal punto, según señala Tannahill, que su ausencia sería más notada que su presencia, como ocurre con la sal en nuestra cocina. Existen numerosas recetas para su preparación. La receta clásica mencionada por Tannahill procede de Bitinia, en la costa del mar Negro. Su materia prima está constituida por el pescado que en castellano denominamos sardineta (Cuplea sprattus), y puede resumirse así: “Tómense sardinetas grandes o pequeñas, y en su defecto anchoas o caballa. Mézclense y colóquense en un recipiente. Tómese 1,1 litros de sal por cada 9 litros de pescado y mézclese bien para que el pescado quede bien impregnado de sal. Pasada una noche, colóquese la mezcla en un recipiente de barro y expóngase al sol durante 2 o 3 meses, agitando periódicamente con un palo. Tápese y almacénese”.
El resultado es un líquido amarillo-dorado que puede conservarse en una botella y que, añadido al alimento, le comunica un sabor salado, que recuerda el del pescado y el del queso.
Hay, por supuesto, numerosas variaciones de esta receta que incluyen la adición de otros ingredientes, como vino, distintos tipos de pescado, crustáceos y moluscos, cambios en la duración del periodo de fermentación, etcétera.
Aunque el liquamen es considerado de excelente valor nutritivo, debo recordar que su componente principal deben ser los aminoácidos procedentes de la degradación de las proteínas del pescado durante el proceso de fermentación. Puede ser útil desde el punto de vista nutritivo, como suplemento de las dietas compuestas principalmente por cereales o leguminosas. El preparado que gozaba de mejor reputación en Roma era el procedente de Cartagena, obtenido principalmente de intestino y las vísceras de la caballa (Scombrus scombrus)
El liquamen puede ser comparado a las salsas obtenidas de pescado fermentado comunes en los países del sur de Asia, como en nam pla de Tailandia, el nuoc de Vietnam y el tuk trey de Camboya.

El suministro y la distribución de alimentos en la Roma imperial.

La archiconocida expresión de Juvenal panem et circenses (Duas tantum res anxius optat, panem et circenses), expresa la protesta republicana bajo el Imperio, pero expresa también una verdad histórica puesta de relieve cuarenta años más tarde por el historiador Marcus Cornelius Fronto, con irrefutable evidencia: “ Populum romanum duabus praecipue rebus, Ancona et spectaculus teneri”.
Esta comparación entre las opiniones de Juvenal y de Fronto, con la de Carcopino comienza en el capítulo VIII de su clásica obra sobre la vida  diaria en Roma, es muy apropiadamente citada por Tannahill en su obra Food in History (1973), y planea una cuestión fundamental para el conocimiento de la alimentación romana, de la que debo ocuparme ahora: ¿cómo obtenían los romanos los alimentos que necesitaban?  Los cálculos de Cascopino indican que para alimentar a toda la población de la Roma imperial eran necesarios unos 14 millones de bushels de grano por año, que corresponde aproximadamente según mi cálculo a unos 500.000 metros cúbicos de grano. Este grano procedía en una tercera parte de Egipto y la mayor parte del resto del norte de África. Se dice (Tannahill) que cuando Roma derrotó a Cartago en el siglo II a.C. tuvo buen cuidado de respetar sus valiosos campos de trigo. En el siglo I a.C. Roma disponía prácticamente   de todo el terreno cultivable del norte de Sáhara. La ciudad de Roma tenía preferencia en el reparto del trigo procedente de Egipto, norte de África y Sicilia, cuyo transporte estaba regulado por normas muy estrictas. El trigo llegaba directamente al puerto de Ostia, donde, después de ser einspeccionado, era cargado en barcazas que lo llevaban a Roma para su distribución a los molineros. El pueblo romano estaba tan interesado como las autoridades en conocer la llegada de los barcos. Tácito describe el pánico producido en la ciudad el año 70 por el retraso de los barcos.
Puede calcularse que la cantidad de grano antes mencionada corresponde a unos 800 kilos de trigo por metro cúbico, es decir unos 400 millones de kilos por año. Si aceptamos que la población de Roma en la época de Trajano era de 1.200.000 almas, como calcula Carcopino, tendremos que esta cantidad corresponde a unos 333 kilos de trigo por habitante por año, o 900 gramos por día. Esta cantidad, transformada en harina de 100 por 100 de extracción, suministraría alrededor de 3.000 kilocalorías por habitante, lo que parece un poco exagerado.
Desde el siglo VI a.C. Roma había padecido escasez de alimentos y períodos de hambre bien documentados. En 123 a.C., el costo de la vida se elevó de tal manera que Cayo Graco permitió a todos los ciudadanos la adquisición de grano de los graneros públicos a precios inferiores a los del mercado. Así aparece la annona, un sistema de distribución de alimentos a las clases más necesitadas de la población, mencionado en la frase del historiador Fronto antes citada. Con el paso de los años, la Ancona se transformó en un subsidio generalizado, con graves consecuencias para la estructura social y económica del Estado romano.
En 71 a.C., la distribución gratuita de grano alcanzaba a unos 40.000 varones adultos, número que fue creciendo hasta que Julio César decidió limitarlo a 150.000. Pero volvió a aumentar en la época de Augusto hasta 320.000, aproximadamente un tercio de la población romana de aquel momento. Alejandro Severo (222-235) decretó la distribución gratuita de pan en vez de grano, y Aureliano (270-275) elevó la ración de pan a 1,5 libras (680 gramos aproximadamente) por día. Con todas las limitaciones, podemos suponer que esta ración de pan tiene un valor energético de unas 1.500 kilocalorías por día. Aureliano propuso también la entrega de una cierta cantidad de grasa de cerdo y más tarde, la distribución gratuita de vino, utilizando el que el Gobierno recogía como pago de impuestos. Tanahill menciona la reacción de un funcionario, quien al parecer exclamó: “Antes de darnos cuenta les daremos también pollos y  gansos”. En los últimos años del Imperio, la distribución gratuita de alimentos cesó, aunque continuó la venta de los mismos a precios subvencionados.
La cuestión que ahora nos interesa, después de exponer la evolución de la Ancona, es la de saber la proporción de los habitantes de Roma que recibían el subsidio alimenticio.  Los cálculos de Carcopino indican que unas 130.000 familias, representadas por los cabezas de las mismas, eran alimentadas gratuitamente. Teniendo en cuenta el número de integrantes de las familias, estimado entre 3 y 5, calcula Carcopio que las personas alimentadas gratuitamente debió haberse situado entre 400.000 y 700.000. Pero además hay que tener en cuenta a los esclavos, cuyo número se estimó, en 1 por cada 3 habitantes. Suponiendo que en la época de Trajano (98-117) la población de Roma era del orden de 1.200.000 personas, podemos suponer unos 400.000 esclavos. Carcopino estima, en consecuencia, que debían existir en Roma en dicha época menos de 150.000 familias capaces de subsistir sin ayuda de la Ancona. Pero el historiador francés, señala, esta fracción no es tan aterradora como lo es la desigualdad dentro del grupo que no recibía ayuda alimenticia. La mayoría de lo que hoy llamaríamos, “clase media” tenía que vegetar a media ración, frente a unos cuantos miles que podríamos llamas “multimillonarios”.

La dieta de la plebe romana.

La dieta de la plebe romana se componía fundamentalmente de papillas de cereales o leguminosas o pan de alto contenido en salvado. La técnica culinaria era primitiva por falta de equipo adecuado, por limitaciones en el suministro de combustible, y también por el hacinamiento de las viviendas populares en las que se alojaba la mayor parte de la población romana.  En consecuencia, los miembros de las clases menos favorecidas evitaban cocinar siempre que podían. Ocasionalmente podían comprar un poco de cerdo asado, o pescado salado, en los numerosos establecimientos que exhibían sus productos en las calles. Pero lo más probable es que consumiesen el pan o las papillas acompañados de habas crudas, higos
Y queso. Quizá esto explique el éxito de las salsas y condimentos, cuyo empleo debió comenzar en las familias más modestas, cuya alimentación consistía principalmente en pan y papillas. Una pequeña cantidad de semejantes condimentos, unida al hambre, puede hacer apetitosa una gran cantidad de alimentos feculentos. Tannahill nos recuerda a este respecto que las salsas de sabor más intenso, como la salsa de soja China, los curries de India y las mezclas de  pimientos de Perú, son empleadas para sazonar comidas con elevada proporción de alimentos hidrocarbonatos.
Aparte de los datos de Carcopino citados, es imposible calcular en términos actuales las dietas consumidas por las clases menos favorecidas de la población romana. Poseemos en cambio algunos datos acerca de la alimentación de los legionarios. Según Gottschalk (vol. 1, pág. 242), Adriano (117-138) fijaba la ración diaria del legionario en 852 gramos de trigo, 117 gramos de carne de cordero, 27 gramos de queso, 21 gramos de sal y medio litro de vino. Podemos calcular que esta dieta suministraba probablemente no menos de unas 3.500 kilocalorías por día, lo que parece suficiente para una persona físicamente activa, como es de suponer que lo era un legionario. Pero es sorprendente que una publicación reciente atribuya esta dieta al jentaculum, es decir la comida de la mañana, que, con la comida del mediodía (frandium) eran consideradas comidas menos importantes que la cena. Parece inconcebible que un legionario, por valeroso que fuera, pudiese consumir tres veces al día la ración mencionada. Lo que sí se dice es que el legionario debía transportar en campaña ración suficiente para dieciséis días.
Un reciente estudio (1991) describe la dieta de los campesinos, que se componía principalmente de trigo, un poco de pan e higos en abundancia, acompañados de salsa de pescado (liquamen), vinagre, medio litro de aceite al mes y 7 kilos de sal por año. Cantidad esta última que viene a corresponder a cerca de 20 gramos por día.
La dieta de los esclavos, según Mommsen (citado por Hintze), en la época de Catón, consistía en 900 gramos diarios de cebada o de mijo, que debían amasar por sí mismos. Esta ración corresponde a unas 3.000 kilocalorías por día. Recibían además sal, aceitunas, pescado salado, aceite y vino, en cantidades no especificadas.
Gottschalk señala asimismo que la ración podía variar de acuerdo con el trabajo que el esclavo tenía que realizar. Lo que parece indicar que los romanos debían tener idea de la relación entre las necesidades calóricas y la actividad física, hecho que, como es sabido, no sería establecido experimentalmente hasta finales del siglo XVIII por la obra de Lavoisier.

La dieta de las clases privilegiadas

En contraste con la austeridad de la dieta de la plebe romana, que he intentado describir, la dieta de los privilegiados se distinguía por su abundancia, la enorme variedad de sus componentes y el alarde de su presentación, concebida evidentemente para sorprender a los invitados con su inagotable fantasía.
Es difícil no sentir curiosidad por conocer el sabor de una salsa para la carne entre cuyos componentes se encontraban ingredientes tan variados como pimienta, ligústico (Levisticum officinale), perejil, semillas de apio, eneldo, raíz de asafétida, raíz de avellano, junco, piretro (Asocyclus pyrethrum), liquamen y aceite.
Más difícil es tratar de averiguar cuál podía ser el valor nutritivo de la misma, de la que según Tannahill se servían 5 a 6 cucharadas por comensal.
La ostentación se manifestaba dando a los alimentos las formas más sorprendentes: una liebre con alas como un Pegaso, un cerdo con su vientre lleno de tordos vivos, que salían volando al trinchar aquél en la mesa, trozos de carne de cerdo cortados en forma de pez, etc. Todo el mundo conoce el banquete de Trimalción, descrito por Petronio en el Satiricón, que ha llegado hasta nosotros a través del cine. No es mi intención ocuparme aquí de los banquetes romanos, ni del comportamiento de los comensales.
Otra forma de ostentación consistía en la introducción en las comidas de alimentos procedentes de los más remotos territorios del Imperio, o sometidos a toda clase de transformaciones antes de ser consumidos. Tal es el caso de los caracoles, a los que se alimentaba con leche, engordándoselos de tal manera que eran incapaces de entrar en sus conchas. El entusiasmo de los patricios romanos por incluir en sus comidas alimentos exóticos ha dado lugar a un interesante comentario de Tannahill, que creo merece la pena ser recordado. Piensa Tannahill que los patricios romanos fueron afortunados al no conocer los alimentos que llegarían a Europa procedentes del Nuevo Mundo, porque se hubieran visto obligados a gastar sumas incalculables para adquirir patatas, tomates, maíz, cacao, pavos, etc., en el caso de haberlos conocido.
Es imposible calcular el valor nutritivo de los platos servidos en estas cenas. A la falta de datos respecto a la composición de muchos de los ingredientes utilizados, se añade la imposibilidad de evaluar el tamaño de las raciones consumidas, porque las recetas que conocemos no suelen contener los datos cuantitativos necesarios. De su complejidad y fantasía puede juzgarse considerando como ejemplo algunas recetas de Apicio, tomadas de la traducción de Bertrand Guëgan (1934) que reproduzco a continuación:

Plato de queso (preferido al parecer por Cicerón). Cocer en aceite pescado salado. Quitar las espinas. Mezclar la carne del pescado con sesos cocidos, hígados de aves, huevos duros y queso no escaldado. Cocer a fuego lento después de haberlo regado todo con una salsa de pimienta, ligústico, orégano, ruda, vino, vino con miel y aceite. Ligar con yemas crudas de huevo. Guarnecer con cominos.

Plato de lenguado. Poner a cocer lenguados bien limpios, regados con aceite, liquamen y vino. Machacar juntos pimienta, ligústico y orégano, humedeciendo con el líquido de cocer el pescado. Ligar con yemas crudas de huevo. Verter esta salsa sobre los lenguados. Dejar espesar a fuego suave. Espolvorear con pimienta y servir.

Vulvas de cerda rellenas. Preparar el relleno. Picar carne de cerdo con pimienta machacada, cominos, la parte blanca de dos  puerros, ruda y liquamen. Añadir a la mezcla pimienta en grano y piñones. Rellenar las vulvas bien limpias. Cocer en agua, enriquecida con aceite, liquamen, eneldo y un pequeño manojo de puerros.

Olvidando el valor nutritivo de estos platos, debo confesar mi admiración por la habilidad de los cocineros romanos, señalando que el oficio de cocinero (magirus) era uno de los mejor pagados de la Roma imperial.
Se les exigía en cambio que fuesen castos, porque según se atribuye a Columela: “Importa sobre todo que alimentos y bebidas no sean tocados más que por manos impúberes, o al menos por las de personas que se abstienen del acto sexual.   Si un hombre y una mujer casados se ocupan de las provisiones, no deben poner sus manos en ellas sin haberse lavado en un río o en agua corriente”. Sin embargo, según comenta Gottschalk, los patricios romanos se preocupaban menos de la virginidad y la castidad de sus cocineros que de su talento profesional. Cuando un plato había tenido un éxito singular, el cocinero era llamado para felicitarle, se le ofrecía una copa de vino y una gratificación. Por el contrario, si el plato no había tenido éxito, el cocinero podía ser aherrojado o azotado públicamente.
Los cocineros llegaron a desempeñar un papel importante en la sociedad romana, amasando algunos de ellos grandes fortunas, como en el caso del padre del poeta Marcial. El emperador Alejandro Severo (222-235) se preocupaba de suministrar un buen cocinero a quienes nombraba de gobernadores de las provincias. Tito Livio señala que la cocina se había transformado en un arte que tenía sus maestros y escuelas para la educación de los profesionales de la misma.
Los moralistas, en cambio, censuraban el fausto de los banquetes de los poderosos. Séneca, quien a pesar de sus riquezas llevaba una vida muy frugal, censuraba a sus contemporáneos por no buscar más que lo que era escaso y de gran precio. Lo superfluo se hace necesario cuando se tiene dinero a mano, decía. Para Séneca, las necesidades fundamentales se reducen a no tener hambre, ni sed, ni frío (“Non esurire, non sitire, non algere”)
Horacio (65-8 a.C) y Juvenal 60-130?) también se pronuncian por la moderación en la mesa, aunque en el caso de este último, a juzgar por los datos que conozco, su concepto de la moderación parece haber sido un tanto elástico.

La dietética en Roma

Los médicos romanos nos han dejado pruebas de su preocupación por el estudio de las relaciones entre la alimentación y la salud del hombre, reflejada en toda suerte de advertencias, consejos y clasificaciones de los alimentos de acuerdo con su valor nutritivo y sus efectos sobre la salud.
Huelga decir que muchas de estas opiniones no tienen mucho que ver con nuestros actuales conocimientos. Pero puede ser útil recordar algunos ejemplos de la dietética romana, representada por Galeno, para tratar de completar este aspecto de la alimentación romana aunque sea en forma muy sucinta.
Claudio Galeno, nacido en Pérgamo en 130, trae a Roma la tradición hipocrática, cuyas ideas van a dominar el pensamiento médico durante toda la Edad Media. Para Hipócrates (460?-357 a.C.) el papel de los alimentos consiste en mantener el equilibrio apropiado entre los cuatro componentes del organismo: la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra. La preponderancia de uno de estos componentes va a dar lugar al correspondiente temperamento (sanguíneo, flemático, colérico y melancólico). La supuesta capacidad de ciertos alimentos para modificar la proporción de uno u otro de estos cuatro componentes es la base de la dietética hipocrática y galénica. Si se tiene esto en cuenta, y se recuerda el que llamamos principio de la consustancialidad, no es difícil  comprender la razón de las recomendaciones dietéticas de Galeno.
Como ya se ha dicho, Galeno consideraba a la carne de cerdo como la más adecuada para el consumo humano, debido a su parecido con la nuestra, del mismo modo que los griegos recomendaban la carne de toro para los atletas, cuya actividad deportiva consistía en correr, y la de cabrito para aquellos cuya actividad consistía en saltar.
Galeno considera la carne de bovino de fácil digestión, pero hace notar que la de buey no conviene a las personas atrabiliarias, y que la de ternera no es conveniente para los convalecientes.
La carne de cabra era considerada malsana, pensando Galeno que contenía “humores” perjudiciales. La del macho cabrío era aún peor, y la del cabrito, mejor si no había sido destetado.
Las opiniones de Galeno sobre el pan son de interés. Sabía que el pan con elevado contenido de salvado producía heces fecales más voluminosas, y creía que la forma de cocer el pan afectaba sus propiedades nutritivas. “El pan cocido sobre las brasas es pesado y difícil de digerir, porque su cocción no es uniforme. El pan cocido en un horno pequeño, o en una estufa produce dispepsia y es difícil de digerir. Pero el pan cocido sobre un brasero o en una sartén es más fácil de excretar debido a la mezcla con aceite, aunque el vapor producido durante el secado lo hace poco sano. El pan cocido en grandes hornos es el de mejor calidad porque tiene buen sabor, es bueno para el estómago, y fácil de digerir y de asimilar.”
La fruta no es considera buen alimento por Galeno. Cree que su consumo produce fiebre, y que su padre, que vivió cien años, debió su longevidad a haberse abstenido del consumo de fruta.
El tratamiento dietético debía preceder al medicamentoso. El primer día se prescribía dieta absoluta: los días 2 al 4, un tercio de la dieta habitual, pan bien fermentado, hortalizas, pescado y aves, algo de ejercicio y fricciones aromáticas; los días 5 al 7; dos tercios de la alimentación habitual, pan leguminosas, pescado pollo y pichón, y fricciones más intensas y más ejercicio; los días 8 al 10, alimentación abundante, carne de caza, ejercicios violentos y fricciones más y más enérgicas. Si al día 11 el paciente no se encontraba en condiciones de recibir el tratamiento, se repetía el ciclo un determinado número de veces.
No sé si las ideas galénicas tuvieron o no, mucha influencia sobre el comportamiento alimenticio de la sociedad romana. En todo caso, deben servir para recordar que la preocupación por las relaciones entre la nutrición y la salud no es un fenómeno nuevo en la historia. La preocupación actual por esta cuestión, justificada en el enorme aumento de los conocimientos de nutrición, ha debido estar presente en la mente de nuestros antepasados desde los tiempos más remotos. Lo sorprendente es que muchas de las ideas primitivas, más o menos disfrazadas, persisten todavía, en flagrante contradicción con los conocimientos científicos que actualmente poseemos.
Los hábitos de alimentación de nuestra especie a lo largo de la historia han estado determinados primariamente por la disponibilidad de alimentos. La preocupación de la plebe romana por su alimentación debió estar determinada por la eficacia cuantitativa de la Ancona más que por las virtudes nutritivas, reales o imaginarias, de los alimentos por ella distribuidos. La preferencia de las clases privilegiadas de Roma por los alimentos más exóticos, o de mayor precio, que criticaba Séneca, es un hecho que se repite en la actualidad en los países desarrollados.

(Esta conferencia la tengo en mis archivos, pero no tengo la reseña de cuando y donde fue pronunciada por el Profesor D. Francisco Sanchez Covián)

27 diciembre, 2011

Gamba Roja o Rayada de Denia


¿Por qué desaparece la preciada gamba roja o rayada de las costas mediterráneas españolas cada 10 años?
de Web Gastronomica Levantina Jis, el Martes, 5 de abril de 2011 a la(s) 6:58

Voy a hablarles de la "gamba roja o rayada de Denia"... Denia es una ciudad costera situada en la provincia de Alicante, a unos 90 Km de la ciudad de Alicante y a otros tantos de la de Valencia... Si alguien quiere pasar unas buenas vacaciones en la costa del mar Mediterráneo este municipio sería uno de los más oportunos.
Yo trabajé, como médico que soy, en el antiguo Ambulatorio de la calle Marqués de Campos, en el centro de la ciudad de Denia, en el año 1989, y tuve la oportunidad de conocer a muchísima gente allí instalada por aquella época, unas muy agradables y otras totalmente idiotas, y entre las primeras se encontraba la enfermera Rosa Victoria San Salvador Ivars, que además era guapísima ... Pero sobre todo conocí su gastronomía que en muchos casos es inmejorable en lo que respecta al tratamiento culinario de pescados y mariscos.
En la lonja de pescados de Denia podemos encontrar muchos tipos de pescados y mariscos... Merecida fama tienen sus erizos de mar, en la temporada invernal... pero el marisco de Denia más conocido en España es la gamba rayada o roja.

Existen dos tipos de gambas: la blanca (Parapenaeus longirostris Lucas, 1846) y la roja o rosa(Aristeus antennatus Risso, 1816)... que se distinguen fácilmente por su color.
La gamba blanca es un crustáceo decápodo y macruro nadador, que pertenece a la familiaPenaeidae... Habita en suelos arenosos, entre 180 y 450 metros de profundidad... Este animal está emparentado con el camarón y el langostino... Su carne es muy apreciada, siendo las dos maneras más habituales de consumo tomarlas "cocidas" o "a la plancha" con sal marina "gruesa"... La de mayor valor gastronómico y económico es la de la costa de Huelva.
Si se fijan bien (en una de las ilustraciones de abajo: Parapenaeus longirostris Lucas, 1846) verán que la gamba blanca, en su parte anatómica llamada ‘rostro’ (que vendría a ser como su ‘nariz’), no lleva ningún tipo de diente en su parte ventral, y sin embargo en su parte dorsal tiene de 8 a 9 dientes... Tiene el abdomen desarrollado con dos series de patas palmeadas y bifurcadas... Su caparazón es flexible y débil... La gamba blanca nace macho y cambia de sexo hacia sus 2 a 4 años de vida... Ya hemos dicho que no tiene dientes ventrales en el ‘rostro’ y sí de 7 a 9 dientes dorsales... Su rostro es convexo, muy fino y alargado... Presenta una tonalidad rosa pálida, excepto en la región gástrica donde, debido a su traslucidez, nos muestra un color violeta... Sus huevos presentan un color verde cuando están maduros, apareciendo ellos bajo su abdomen y entre sus patas... Y, su época de reproducción se da entre los meses de agosto y septiembre.
Para quien no tenga mucha experiencia en la materia decadópoda, fácil le sería confundirla con una langostino... Pero el langostino sí que lleva dientes ventrales en el ‘rostro’, en concreto sólo uno los famosos langostinos "frescos" del mar Mediterráneo o de nuestro océano Atlántico (...Penaeus kerathurus Forsskål, 1775), junto con once dientes en la parte dorsal del rostro... Sin embargo, el langostino "congelado" (...Penaeus duorarum Burkenroad) que nos traen de los mares de Canadá presenta dos dientes en la parte ventral del rostro, y doce dientes en su parte dorsal... Por tanto, aquellas personas que vivan en España ya saben cómo reconocer un langostino "fresco": recuerden un sólo diente en la parte ventral del rostro.
Y ahora si que hablamos de las cotizadas gambas "rojas"... también llamadas "rayadas o alistadas"...  La gamba roja es un crustáceo decápodo y macruro nadador, que pertenece a la familia Penaeidae... Dependiendo de determinadas épocas o años vive a unas profundidades u otras... Las gambas rojas que nosotros, los humanos, nos comemos provienen de las pesquerías pelágicas o de superficie, pero hay otras que nos son bastante más inalcanzables que provienen de las pesquerías demersales o de gran profundidad... Resumiendo, las pesquerías de superficie de éste animal se realizan a profundidades entre los 150 y los 1.500 metros, aunque suelen vivir entre los 200 y los 400 metros, sobre fondos blancos y fangosos.
Pero un estudio científico a demostrado el por qué desaparece la gamba roja durante determinados años, ya que descienden a profundidades mucho mayores, siendo bastante inasequibles a los pescadores... El estudio en cuestión dirigido  por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Instituto Español de Oceanografía (IEO) busca la explicación de ésta desaparición temporal de la gamba roja en la existencia de las cataratas submarinas:
"La investigación describe un mecanismo de interacción entre ecosistemas marinos que podrían tener impacto en las pesquerías a escala mundial y sus resultados posibilitan el desarrollo, en coordinación con los agentes implicados, de un modelo para conseguir una explotación sostenible de los caladeros de gamba roja, y mitiga la sobreexplotación que sufren ésta y otras especies que habitan el fondo marino... El estudio coordinado por los investigadores Joan B. Comapany y Pere Puig del CSIC, en Barcelona, ha demostrado que las cataratas submarinas controlan los procesos biológicos de recursos vivos de las grandes profundidades de los océanos: - "Se trata de un proceso desconocido hasta el momento y que destierra la idea de que los fondos son dos ecosistemas marinos independientes" - explica Company... A su juicio, gracias a estos datos, se puede determinar cuando desaparecen las comunidades de gambas y cuando vuelven... - "Con esta información, es posible diseñar programas de aviso a los pescadores ante las desapariciones inesperadas de las capturas, además de mitigar la sobreexplotación pesquera de la especie" - añade... Para llegar a todo esto, los investigadores analizaron el impacto de la formación de cataratas submarinas en el Mediterráneo Noroccidental desde la década de los años 70 del siglo XX hasta la actualidad (...siglo XXI): - "Comprobamos que las altas corrientes asociadas a estas cataratas submarinas desplazan a las poblaciones de gamba roja desde los caladeros de pesca habituales hacia aguas mucho más profundas"... A partir de ese momento, esta situación de bajas capturas por parte de los pescadores puede prolongarse durante cerca de dos años o más... Pero la acción de las cataratas submarinas favorece los procesos de reproducción de la especie, puesto que se fertilizan sus fondos de cría, fenómeno que propicia el crecimiento y recuperación de la población en los años siguientes... Lejos de las zonas de pesca, a profundidades superiores a los 1.500 metros, las comunidades de gambas tienen sus áreas de cría, es decir en las zonas demersales... El aporte de grandes cantidades de partículas nutritivas hasta esas profundidades, gracias a las cataratas submarinas, provoca una tasa de supervivencia larvaria muy superior a la habitual... Así, cuando la gamba roja migra hacia profundidades mucho menores, justo donde se alojan los caladeros de pesca, su elevado número propicia un aumento de las capturas...".
En resumen que: - "Cada diez años aproximadamente hay inviernos muy fríos y ventosos... El mar Mediterráneo se convierte entonces en una piscina muy fría con mucha sal marina en exceso... Hasta que el agua del fondo no puede soportar el peso y baja por los cañones submarinos a gran velocidad... Es como si tiraras de la cadena en un inodoro"... El agua llega a bajar por los cañones que jalonan el mar Mediterráneo a una velocidad superior a los tres kilómetros por hora... y se lleva toda la gamba, que se suele pescar entre 500 y 900 metros de profundidad... La pesquería comercial queda entonces a casi cero, como ocurrió tras el último de estos episodios, en 2005... Los años 2005 y 2006 fueron un desastre en las pesquerías de Palamós, Roses y Blanes: la zona estudiada... Y también ocurrió en 1998 y en 1988, tal como se ha demostrado comparando los datos de las capturas al respecto en diferentes puertos de mar.

Sin embargo, cabría aclarar que significan las palabras "pelágico" y "demersal"... El piélago (...del griego πέλαγος: "pélagos": "mar abierto") es la parte del océano que está sobre la zona pelágica, o sea, la columna de agua del océano que no está sobre la plataforma continental... En contraste, la zona demersiva comprende las aguas cercanas a la costa… Este último nombre deriva del latín "demergere": "sumergir", por ser la zona donde puede uno percibir el fondo cuando se sumerge.
Las profundidades marinas constituyen el mayor hábitat de la Tierra... La superficie que se encuentra a más de 4.000 metros de profundidad cubre un 53% de la superficie marina, que, a su vez, cubre un 71% del total mundial... Las pendientes continentales ocupan por sí solas un 8,8% de la superficie mundial, en comparación con un 7,5% de la plataforma continental y de los mares poco profundos... Se trata de un entorno bastante oscuro y frío, de mucha menor productividad que los mares menos profundos... La masa acuática marina de gran profundidad puede subdividirse en cuatro zonas de profundidad en las fosas oceánicas (ver ilustración más abajo): mesopelágica (entre 150 y 1.000 m)... batipelágica (...entre 1.000 y 3.000 m)... abisopelágica (...entre 3.000 y 6.000 m)... zona hadal (...a más de 6.000 m de profundidad)... Desde una perspectiva demersal, o del lecho marino, la zona de las profundidades se compone de los taludes continentales (...que comienzan en el límite de la plataforma y corresponden a las zonas mesopelágica y batipelágica), la elevación continental, que se extiende hacia abajo hasta la planicie abisal, a unos 6.000 m y las trincheras... Las montañas marinas sobresalen de la planicie abisal... Ninguna luz penetra más allá de los 1.000 metros e incluso a profundidades de 150 metros los niveles de luz se reducen a un 1% de los de la superficie, insuficientes para sostener la fotosíntesis... Por tanto, el material orgánico ha de ser trasladado a las aguas profundas, lo que sucede de distintas maneras.

O sea que, en términos pesqueros, debemos entender que la zona pelágica es la menos profunda y la mas asequible para las capturas... y la zona demersal la más inasequible para la pesca.
Pero... ¿Qué son las cataratas submarinas?... Los vientos, junto con las diferencias de temperatura y salinidad, originan las llamadas corrientes oceánicas superficiales y profundas... Las que nacen en los polos transportan agua fría a las regiones cálidas y viceversa, lo cual tiene una influencia mayúscula en el clima terrestre... Uno de los motores que alimentan estas corrientes planetarias es una gigantesca catarata submarina en el océano Atlántico Norte, frente a las costas de Groenlandia... En un área de 10.000 km2, las aguas de la corriente del Golfo de México que han ido enfriándose y aumentando su salinidad, y, por tanto, su densidad, se precipitan literalmente hasta los 2 kilómetros de profundidad... Estos sumideros marinos arrastran varios millones de metros cúbicos de agua por segundo, que relegan a las cataratas terrestres, como las del Iguazú, a meros riachuelos... En el Hemisferio Sur ocurre algo similar... En el mar de Weddell, el agua superficial se hiela, pero sólo en parte, ya que la sal no lo hace... Esta sal suplementaria provoca que el agua se torne densa y pesada, hasta que se precipita en cascada hacia el fondo demersal.
Por tanto, después de leer éste artículo, no es de extrañar el precio que tienen estos bichos gambosos en las subastas de pescado o lonjas: de unos 150 euros el kilogramo a lo largo del año, doblándose o aún más en las fechas navideñas... Así pues, en una pescadería, en una época normal del año, subiría la cosa a unos 170 ó 200 euros... y en un restaurante a unos 250 euros/Kg... Pero es que además la voracidad de los humanos, por lo visto, no tiene límite, y la tontería tampoco... gastarse todo este dinero en gambas, con la de cosas buenas y útiles que se podrían hacer con él.
La gamba roja o rayada se captura en Palamós, Roses y Blanes (...conocida como "gamba de Palamós"... la gamba roja de los caladeros situados entre L'Estartit y Sant Felíu de Guíxols, de 10 a 30 millas mar adentro)... en Denia (...conocida como "gamba de Denia")... en Castellón (...conocida como la "gamba roja de Castellón")... y en Garrucha (...en la provincia de Almería) donde se la conoce como "gambón", porque presenta un mayor tamaño, aunque todas las mencionadas sean de la misma especie... En todos estos sitios piensan que su gamba roja es la mejor, y sus razones tendrán... pero en realidad es la misma especie y todas viven en nuestro mar Mediterráneo, a diferentes profundidades, y unas tienen la suerte de vivir más tiempo que otras, y por eso crecer más, presentando unas tallas mayores.
A todo esto hay que agregar el que existen barcos de pesca de gamba roja que se denominan "de turno" ya que vuelven a los puertos cada tres días o cada semana... y claro han de tratar las capturas con frío o con una serie de conservantes... Sin embargo, existen otros barcos de pesca de gamba roja que se les denomina "de día", porque salen a pescar de madrugada y regresan a puerto por la tarde con el mejor pescado y marisco "fresco"... La gamba roja de estos últimos pesqueros es la realmente "fresca" y es la que se cotiza a cantidades astronómicas de dinero.
La gamba roja tiene el abdomen desarrollado y el caparazón flexible... Los tres primeros pares de patas terminan en pinzas... Esta gamba nace macho y cambia de sexo a los 2 a 4 años de su vida... y esto explica el por qué se pescan más gambas hembras que machos,  en una proporción del 70: 30%... ya que los primeros años de su vida, la de los machos, transcurren a grandes profundidades poco asequibles a la pesquería en general, ya sea de superficie (...pelágica: hasta unos 1.500 metros de profundidad) o de mucha profundidad (...demersal: a más de 2.500 metros de profundidad).
La gamba roja presenta en la parte dorsal de su rostro 3 dientes (ver ilustración abajo), y ninguno en su parte ventral... El tamaño de su cabeza, que puede suponer la mitad de la talla total, es precisamente la que concentra el sabor a yodo y a sal marina que buscan los restauradores y el "gourmet" en general... pero es que además, la gamba hembra transporta sus huevos en la cabeza, además de su corazón... y son estos huevos los que le dan ese sabor tan especial a la cabeza, y en nuestra lengua y cavidad oral, cuando se la muerde y se la chupa... Por tanto, son las gambas hembras las más cotizadas para los "gourmet"... siendo los meses entre el final del verano y los del otoño los más adecuados para consumirla, ya que son los meses en los que se reproducen y tienen huevos... aunque también son los meses más adecuados para acabar y esquilmar esta especie... ¡Menos mal que las cataratas subterráneas las protegen, llevándoselas a grandes profundidades lejos de la redes de los pescadores!
La esperanza de vida una gamba roja hembra es de unos 5 años, y de 4 para los machos... Existen cuatro clasificaciones de este tipo de marisco en función de su tamaño, pero no de su calidad... Por tanto, las más grandes son las más caras y cotizadas... La gamba roja posee una fina membrana que une la cabeza con la cola, que permite que las sustancias de su interior no se pierdan al cocinarla, lo que le proporciona su característico sabor dulce... Se distingue de la gamba blanca, porque su gusto es mucho más intenso y su esencia marina explota de lleno en nuestra boca al morder su carne... Especialmente en su cabeza, el sabor de la gamba roja es poderosamente intenso y lleno de matices marinos.
Y nos queda una última cuestión: ¿La gamba roja debe ser cocinada hervida o a la plancha?... Evidentemente, dicen los expertos: HERVIDA... Y ¿Cómo se hierve?... Pues  el mejor método es hervirla durante un minuto y medio en agua de mar, para luego pasarlas inmediatamente a otro recipiente con agua de mar y con hielo, dejándolas reposar ahí durante una media hora... Luego las sacamos de la fría agua de mar y las dejamos en el frigorífico durante unas 12 horas... Y después ya podemos consumirlas.
Si no tenemos agua del mar "a mano", deberemos de ‘fabricarla’... agregando mucha sal marina "fina" en el agua "corriente"... en una proporción de de 33 a 39 gramos de sal marina "fina" por cada litro de agua potable... Pero es muy importante que la concentración de sal en el agua que utilizamos para hervir las gambas, sea la misma que la del agua salada helada que emplearemos para cortar la cocción, dar brillo a la gamba y endurecer sus carnes... Y les aseguramos que siguiendo este método podrán "dar gato por liebre" con cualquier gamba roja "congelada" (...adquirida congelada y descongelada en el  frigorífico durante algunas horas), haciéndola pasar como "fresca".
Y, además, tengan en cuenta que cuando la gamba roja hembra desaparece de nuestros mares, nos siguen sirviendo esta gamba ‘fresca’ en los restaurantes. ¿Será congelada y descongelada pues?
Si se decantan ustedes por cocinarlas "a la plancha", deben hacerlo cuando ésta esté muy caliente y recubierta en su base de sal gruesa... El tiempo de cocción que se debe utilizar es de "vuelta y vuelta"...y se sirven espolvoreadas con sal gruesa y unos gajos de limón por si algún comensal quiere escanciar su zumo sobre ellas... Aunque hay ‘chef’ que las hacen sólo por un lado sobre sal gruesa sobre plancha caliente, y emplean una tapadera para que se cueza la parte superior; sirviéndolas luego, en el plato, con la parte tostada impregnada de sal a la vista…

Pero les repetimos: ¡Háganlas hervidas, que no se arrepentirán!

Por último, decirles que la gamba roja de Denia y Jávea, se captura por la técnica de arrastre en los "caladeros de gambas" que se encuentran a 20 millas náuticas de su costas, a la mitad de la distancia de 49 millas náuticas que distan el Cabo de La Nao (...situado en el municipio de Jávea, está ubicado en el extremo sur del Golfo de Valencia, y es fácilmente reconocible por ser el pico más oriental de la provincia de Alicante) con el Islote de Es Vedrà (...en la isla de Ibiza)... siendo éste el"caladero de gambas del Golfo de Alicante"... Hay otro punto de pesca conocido como el "canal de las gambas" a la altura del Cabo de la Isla Es Vedrà, en Ibiza, que se conoce como el"caladero de Ibiza"... Y también el "canal de las gambas del Golfo de Vera" en aguas de la provincia de Almería.
A día 20/12/09, pudimos leer lo que dice sobre la gamba roja de Denia don José Iglesias del periódico "La Verdad de Murcia", con respecto a los precios de venta en la subasta, y la actual crisis económica en España, en el artículo "La crisis hunde a la gamba roja":
«Es noche cerrada. El equipo de la embarcación "Troia", una de las 12 mariscadoras de Denia, sube a bordo de su barco a las 5 de la mañana cada día. En apenas unos minutos ya tienen el motor en marcha y los cuatro pescadores que forman la tripulación ponen rumbo al caladero de la gamba. A esa misma hora parten del puerto otros once barcos más. El madrugón diario no disipa la esperanza de "hacer un buen día", explica Pepe N., uno de los marineros... Durante las dos horas de navegación para hacer las 20 millas náuticas que distan la costa de Denia del Canal, a mitad camino entre Ibiza y el Cap de Sant Antoni, los marineros dedican el tiempo a preparar las artes de pesca... Cuando comienza a clarear, a eso de las siete de la mañana, los barcos ya han llegado al canal, donde entre los 600 y 700 metros de profundidad habita la gamba roja. Descargan el arte en el mar y en una hora aproximadamente, sobre las 8 de la mañana, comienzan ya a arrastrar las redes... Tras la comida llega el trabajo más duro. A las 14.30 horas suben las redes, una labor compleja que a la tripulación de "L'Androna", por ejemplo, les ocupa unos 45 minutos, ya que las redes están a gran profundidad y ha de hacerse con cuidado para no estropear las capturas... Una vez las redes a bordo, se descargan las capturas sobre el puente de la embarcación que pone rumbo de vuelta a puerto. En ese trayecto de dos horas, la tripulación separa los peces y las gambas para cubrirlas con un plástico sobre el que se echa la "nieve" que las conserva hasta llegar a puerto, donde fuera de la temporada turística se hacinan casi un centenar de pescadores jubilados. Gente de la mar que todavía colabora con sus compañeros ayudándoles a descargarlas... Cuando empieza a caer el sol, a las 17.00 horas, comienzan a entrar las embarcaciones al puerto la gamba roja que ha dado a conocer internacionalmente a Denia. Con maestría y cierta rapidez, los mariscadores descargan sus cajas y las llevan a la lonja donde comienza la subasta, y también, la desilusión por los bajos precios a los que se vende... Antes de entrar en la cinta que expone las gambas a los compradores, la riegan generosamente con agua para retirarle completamente el hielo, y para que recupere su brillo. El aspecto de la gamba roja es inconfundible y, sobre todo, apetecible. Después, los trabajadores de la cofradía de pescadores la montan en la cinta transportadora. Cuando las cajas llegan al punto rojo de la cinta (...casi al final del recorrido), sobre la pantalla informática se informa a los compradores... Así comienza la subasta a la baja. En la pantalla aparece el precio de salida, a 100 euros esta semana, y va bajando el precio hasta que un comprador lo corta (...con un mando a distancia) y se adjudica la caja que después retirará con el resto de pescado que ese día compre... La poca gamba roja la compran principalmente restaurantes de Denia especializados en marisco, ya no hay peleas por ella. Y es que la gamba roja de Denia ya no es un negocio redondo. Al alto coste para las empresas mariscadoras para faenar en el canal y las cada vez más escasas capturas, se ha unido la recesión económica. La gamba roja ha malogrado la demanda diaria en la hostelería donde se han llegado a pagar precios desorbitados para degustar la "Aristeus antennatus Risso, 1816", nombre científico de este crustáceo que en el año 2006 llegaba a cotizarse en lonja a 250 euros/kilo (...más impuestos) en estas fechas cercanas a la Navidad... Tan sólo tres años después se está vendiendo en la subasta a 88 euros/kilo (...siete u ocho piezas), y así, dicen los profesionales, pierden dinero y el negocio de la gamba "se hunde". Este es el precio de la gamba roja de Denia de primera, la gorda y la que siempre ha dado más beneficios económicos a los pescadores. Sin embargo, del crustáceo se hacen hasta cuatro selecciones que alcanzan precios mucho más asequibles, entre 30 y 50 euros/kilo según el calibre de las piezas y siempre a falta del 16% de IVA que se le aplica a los compradores en lonja... Todas las clases por tamaños de gamba roja son de la misma calidad que la de primera, claro que la concentración de cualidades que aglutinan las piezas grandes proporcionan una explosión de sabores difícilmente comparables... Pero, ¿por qué la gamba roja ha alcanzado precios tan altos?... En principio todos los profesionales consultados coinciden en que hay muy poca. Cada una de las 12 barcas que se dedican al marisqueo de la gamba en Denia llegan a puerto todos los días con apenas 5 ó 6 kilos (...dos cajas) de gamba de primera... Al precio que se está vendiendo esta semana, 88 euros/kilo, las ganancias de la gamba roja suponen unos 600 euros para una jornada de 12 horas ininterrumpidas en el mar... Pero son muchos los que se distribuyen las ganancias obtenidas. De la recaudación diaria se hacen varias partes entre el armador, la embarcación (...para gastos de mantenimiento, impuestos y gasoil), otra para el patrón, y tres más para los marineros de la tripulación».

¿Porque la gamba roja es blaquecina recién pescada?... Respecto al color rojo clarito o blanquirojo es el propio de la gamba rosada (...Aristeus antennatus Risso, 1816) y la gamba roja sería considerada por algunos como Aristeomorpha foliacea Risso, 1827, muy parecida el carabinero (...Plesiopenaeus edwardsianus Jhonson, 1868)... En cualquier caso, la especie más apreciada es la gamba rosada aunque comúnmente la conocemos como gamba roja... Lo del color es debido a que las gambas tienen en su sistema circulatorio sanguíneo como pigmento respiratorio hemocianina que contiene dos átomos de cobre... En cambio, los mamíferos, tenemos como pigmento respiratorio la hemoglobina que en lugar de cobre tiene hierro que le confiere el color rojo... El cobre le confiere a la sangre de los crustáceos (...y también de los moluscos) un color azulado (...y es que ellos sí que son de sangre "real", mientras algunos humanos presumen de ser cianóticos)... La función de ambos pigmentos es la misma, es decir, captar el oxigeno, pero la evolución en medios diferentes (...terrestre y acuático) ha hecho seleccionar el pigmento más adecuado... Cuando el crustáceo sube a la superficie y muere entonces comienza la oxidación: el cobre, al contacto con el aire se va oxidando y adquiriendo un color cada vez más oscuro debido a esta oxidación... Esto ocurre en pocas horas, en verano es aún más rápido, ya que el metabolismo de descomposición de la gamba una vez muerta se acelera por la temperatura... En conclusión, cuanto más clarita menos horas han pasado y más fresca está... De todas formas, en cuestión de pocas horas empieza a adquirir el color oscuro, sobre todo la cabeza, y esto no significa que no esté buena, ya que en buenas condiciones de frío y protegida lo más posible, la gamba puede durar varios días... Hace unos años, hasta que lo prohibieron porque podía ser malo para la salud, utilizaban polvos blancos (...ácido bórico que actúa de antioxidante químico) que espolvoreaban sobre las gambas y evitaba que se hicieran negras sus cabezas... Este proceso químico, lo solían hacer los compradores e intermediarios para que les aguantara los dos o tres días siguientes... Los pescadores no solían poner estos polvos porque desde su captura hasta su venta en lonja no daba tiempo a que se hicieran negras... aunque en verano hay que tener cuidado si no se tienen buenas condiciones de frío...".

Gamba roja. Cuando es hembra transporta sus huevas en la cabeza. Por eso está tan buena al chuparla.

 Anatomía de los decadópodos.
 Esquema de la cabeza y rostro con sus dientes dorsales de una gamba blanca.
 Gamba blanca que cuando es hembra transpota sus huevas entre sus patas.
 Esquema de un langostino fresco en España. Sólo lleva 1 diente en la parte ventral de su rostro o 'nariz'.
 Este es langostino que nos traen de Canadá. Lleva 2 dientes en la parte ventral del rostro o 'nariz'. No puede llegarnos fresco, ya que estamos a muchos kilómetros de Canadá.
 Esquema de las profundidades marinas.

De ‘La Gastronomía de José Soler’:
http://www.gastrosoler.com/pagina_nueva_74.htm#La gamba roja o rayada2
Apicius Apicio Otro articulo francamente interesante. Me ha llamado la atención de mantenerla 12 horas en frigorifico despues de su coccion, . Me podría dar autorización para publicar en mi sección de Historia estos articulos, por supuesto citando las fuentes. Gracias anticipadas.
13 de abril a la(s) 7:29
Web Gastronomica Levantina Jis El artículo es todo suyo, Apicius!... :)

21 septiembre, 2011

La «pericana» de l'Hotel Gastronòmic Pou de la Neu en L’Alt de la Carrasqueta, en Alicante, y su composición nutritiva.

Artículo aparecido en  Web Gastronomica Levantina Jis, el miércoles, 21 de septiembre de 2011

L«pericana» es uno de los platos más representativos de la «cocina tradicional alcoyana»:«Bajoques sequets a trossets amb ganyes de bacallar, oli y alls secs» (‘Pimientos rojos secos conganyes de bacalao, aceite y ajos secos’). Y de nuevo, el cocinero don Antonio Pérez, director del Hotel Gastronómico «Pou de la Neu», ha sido tan amable de cedernos la receta coquinaria de este condimento o guiso, junto con una foto de esta apetecible ‘picaeta’
La «pericana» se disfruta y se come untada en pan, tostado o no, como aperitivo o ‘picaeta’, y también como escolta o guarnición de otras viandas, yantares o conduchos de carne o de pescado.
Para cocinar la «pericana» necesitamos bacalao, y el mejor trozo para esto es el de la «ganya» que es la carne de los lados que recubre las agallas, delgada y con su piel, sin espinas, asada a la brasa o a la llama del fuego hasta tostarse, para luego ser desmigado.
También, necesitamos unos pimientos rojos secos (llamados ‘bajoques’ en Alcoi, y ‘pebrots vermells secs’ en valenciano y catalán).

Deberemos disponer de un buen aceite de oliva, verde, afrutado, para aliñar la pericana. Y, por supuesto, de unos dientes de ajo, pelados y laminados, que sofreiremos en aceite de oliva... y, también, de un buen pimentón rojo dulce y ahumado.
Los pimientos secos se asan a la brasa o se fríen rápidamente en sartén al fuego con aceite de oliva rusiente para que tan sólo se hinchen pero no se quemen. El bacalao se asa a la plancha o directamente a la llama del fuego para que sude.
¿Y los ajos? Los dientes de ajo pelados debemos convertirlos en finas láminas con la ayuda de un buen cuchillo afilado, poniéndolas en una sartén con aceite de oliva que esté a temperatura ambiente. Situamos la sartén sobre fuego ‘lento’ y esperamos a que las láminas crudas de ajo adquieran un ligero color dorado, a medida que se va calentando el aceite, resultando finalmente en unas «láminas crujientes y doraditas de ajo».
En un plato o fuente, preferiblemente de color blanco para que resalten a la vista los ingredientes, ponemos el pimiento rojo tostadito y troceado, desmenuzado; encima el bacalao asado y desmigado; y sobre él las láminas doradas de ajo… y lo aliñamos todo con un buen aceite de oliva de Alcoy: verde y afrutado, junto con una pulgarada de pimentón rojo dulce y ahumado, o bien del llamado «choricero».
Hay muchas formas de preparar la «pericana». Lo ideal es disponer de un buen fuego en una chimenea o ‘llar’ (de ‘hogar’), con unas buenas brasas y rescoldos en donde asar todos sus ingredientes: el pimiento seco, el bacalao curado en salazón y las cabezas de ajo. Pero como no todo el mundo tiene la suerte de disponer de una casa con chimenea, deberemos arreglarnos con las técnicas culinarias que actualmente tenemos más a mano en nuestro domicilio.
En el municipio alicantino de Muro de Alcoy, hacen una conserva de «pericana» que se llama «La pericana de Muro», elaborada para aquellos que no tengan muchas ganas de cocinar este «asado» pero sí de comerlo.
En otras zonas de la provincia de Alicante, hidratan el pimiento seco remojándolo en agua durante varias horas y después los secan con un paño de cocina, para sofreírlos enseguida en aceite de oliva rusiente.
También, hay sitios en donde se emplea el «capellanet»* en vez del bacalao para preparar la«pericana». Este pez curado en salazón se hace directamente ‘a la llama’ de fuego, y después se desmiga para ponerlo en la «pericana». El «capellanet» también se denomina molletcapellàmòllera verafaneca menor, a lo largo de todo el Levante Español incluida la parte de Catalunya, y su nombre científico en latín es Trisopterus minutus capelanus Linnaeus, 1758, siendo una especie marina de la familia Gadidae, al igual que el bacalao (Gadus morhua Linnaeus, 1758). Aunque, también, tiene otros nombres científicos y sinónimos oficiales en España, como pueden ver en la imagen de la derecha.
Nota.- En muchos sitios se tuesta el bacalao o el ‘capellanet’, directamente a la llama del fuego, y luego se pone en agua a desalarse durante unas horas. Posteriormente, se seca con un paño de cocina, y se utiliza en la ‘pericana’.
*CapellánDesignación oficial española del pezGadus capelanusGadus luscusMohua capelanusMorhua capelanusTrisopterus capelanusTrisopterus minutus minutusTrisopterus minutus capelanusSinónimo oficialBarbadaCapelláCarajueloFanecaMólleraPalenka;PanecaPaneca txikiaRomeroTankarta.
Aconsejamos acompañar este plato con un buen Vino Tinto de La Rioja, como, por ejemplo, unMarqués de Ardanza.   
El abogado, político republicano, escritor gastronómico alicantino don José Guardiola y Ortiz (1874-1946), en su libro ‘Gastronomía Alicantina. Conduchos de Navidad’, en la edición de 1.975, editada por mi padre, el político falangista, escritor costumbrista y boticario alicantino, don Agatángelo Soler Llorca (1918-1995), dice lo siguiente sobre la ‘pericana’:
Una agradable fruslería alcoyana: pimientos secos, tostadosbacalao asado; uno o másdientes de ajo, cortados a través en delgadas laminitas.
Se parten los pimientos a trocitos y se deshace el bacalao sin empleo de cuchillo; se sofríen en aceitecon el ajito; y con un polvo de pimienta, una puntita de picante, se añade agua que apenas alcance a cubrir, y se deja cocer durante unos cuantos minutos.
En otras partes, se suprime el cocimiento”.
Composición nutritiva de 1 ración de Pericana Alcoiana:

Calorías: 381; proteínas: 31,0 gramos; hidratos de carbono: 4,6 gramos; fibra; 0,76 gramos;grasa total: 26,3 gramos; ácidos grasos saturados: 4,0 gramos; ácidos grasos monoinsaturados: 18,4 gramos; ácidos grasos poliinsaturados: 2,4 gramos; colesterol: 22,4 miligramos; alcohol: cero gramos; agua: 48,2 mililitros; calcio: 27,0 miligramos; hierro: 1,8 miligramos; yodo: 68,9 microgramos; magnesio: 19,4 miligramos; zinc: 0,82 miligramos; selenio: 59,4 microgramos; sodio: 3.244 miligramos; potasio: 239 miligramos; fósforo: 381 miligramos;vitamina B1(tiamina): 0,068 miligramos; vitamina B2 (riboflavina): 0,19 miligramos; vitamina B3(niacina): 6,6 miligramos; vitamina B6 (piridoxina): 0,39 miligramos; ácido fólico (vitamina B9): 16,0 microgramos; vitamina B12 (cianocobalamina): 2,0 microgramos; vitamina C (ácido ascórbico): 59,3 miligramos; retinol: 6,0 microgramos; carotenos: 1.178 microgramos; vitamina A(equivalente al retinol): 230 microgramos; vitamina D: 2,0 microgramos; vitamina E (tocoferoles): 2,1 microgramos.
El nivel de calorías de este plato es aceptable. Sus niveles de hidratos de carbono y de colesterol son mínimos. Los primeros proceden del pimiento, y el segundo del bacalao. Presenta una cifra de carotenos elevada debido al pimiento rojo deshidratado. La ‘pericana’ es una buena fuente de vitaminas (AD y E) y oligoelementos (hierro, etc.).
Lo más destacable de este plato es su alto nivel en sales de sodio (3.244 mg /ración), por lo que las personas con arteriosclerosis y patología cardiovascular, así como los insuficientes renales y diabéticos, deberán tomar una gran precaución frente a la ‘pericana’ preparada de este modo. La gran cantidad de sal proviene del pescado en salazón aunque lo tengamos desalando 24 ó 72 horas. Pero, esto tiene una solución para estas personas enfermas: no utilizar bacalao en salazón desalado y en su lugar emplear bacalao ‘fresco’. En este caso, el nivel de sodio será de 36,0 mg, y el de potasio de 276 mg, por cada ración de ‘pericana alcoiana’.

Del libro ‘Historia de una Amistad en Alicante. Don José Guardiola y Ortiz y don Agatángelo Soler Llorca. "Gastronomía Alicantina. Conduchos de Navidad’. Autor principal: José Ignacio Agatángelo Soler Díaz.


¡Qué aproveche!

José Soler Díaz. Médico. Alicante. España.